Como ejecutivo de Paramount, estuvo detrás de 'Cowboy de ciudad', 'Chinatown', 'Valor de ley', 'El padrino', 'La semilla del diablo' o 'Love Story'
Si algo ha tenido la vida de Robert Evans es que se desarrolló a la altura de su pasión cinematográfica. El mítico productor y directivo de Paramount, personaje hecho a sí mismo, tuvo una existencia de cine, un carrusel de amores -se casó siete veces-, de despedidas y resurgimientos profesionales, de imitadores que no poseyeron su talento. Si a alguien quiso parecerse Evans, fue a otra leyenda de Hollywood, el productor Irving G. Thalberg, que lideró MGM cuando llegó el sonido al cine, y que falleció con tan solo 37 años dejando una huella perenne en el cine. Evans ha vivido bastante más: el cineasta murió el sábado a los 89 años tras una lamentable (y pequeña) carrera como actor y largo currículo de películas y de fascinantes vicisitudes personales y profesionales: como ejemplo, ha sido el único directivo de Hollywood que protagonizó su propia serie de dibujos animados.



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